lunes, 30 de abril de 2012

Incahuasi






Incahuasi o Casa del Inca es un nombre común en la toponimia argentina y sudamericana. Esta mina se encuentra a unos 3900 msnm en el borde suroeste del Salar del Hombre Muerto, en la Puna Catamarqueña. Se encuentra a unos 400 km. desde Salta, el otro acceso, y esta a unos 1000 m. de la ruta provincial Nº43. Pronto llegamos a las ruinas abandonadas del antiguo pueblo minero de Incahuasi, en donde puede notarse que los sedimentos ha sido recolocados para hacer pisos planos en donde se levantaron las viviendas de los mineros en las últimas explotaciones, casas que conviven con otras muy antiguas.



Los socavones más accesibles parecían ser sólo refugios o lugares de depósitos, aunque tal vez eran solo de exploración. Muy bajos, había que tener cuidado de no golpearse la cabeza y así se los manifesté a mis entusiasmados sobrinos, quienes entraron sin que los pudiera contener. Con mi hermano Miguel Ángel, sabemos de que en estas galerías, como ocurre en las cuevas, pueden existir profundos pozos naturales o de explotación, galerías inundadas y completamente a oscuras, lo que tornaría en fatal un tropezón; sin dejar de atender claro, que es un natural refugio de pumas. En el susto por el descuido, no pude evitar levantar mi cabeza de golpe y clavarme un filo de roca en mi cabeza, la que para colmo, ya carece de cabellos como para amortiguar el golpe; no pude escapar a mi destino de docente, enseñe con el ejemplo cómo podes tontamente lastimarte en un descuido. Nos sacamos unas fotos con Rolando, y otras tratando de capturar la belleza pero también la desolación.

En un artículo titulado “Espeleología minera en el noroeste de la República Argentina”, encontré que la geología del área está constituida por pelitas y grauvacas del Ordovícico superior, y que esas rocas están afectadas por metamorfismos dinámicos y alteraciones hidrotermaes en distintos grados de intensidad. La estructura local posee varios sistemas de fracturas, de edades diferentes, que afectan al área tanto a las rocas como a las vetas de cuarzo, y lo importante,que laa mineralización está relacionada a determinadas vetas de cuarzo portadoras de oro (Gonzalez O. y Viruel de Ramirez M.,1992). Este yacimiento fue descubierto en la época prehispánica y trabajado por los incas (Bertagni, 1938). Posteriormente los sacerdotes jesuitas continuaron dirigiendo las labores mineras hasta 1777 en que fueron expulsados por el Rey de España. De este período existen algunas galerías subterráneas que alcanzan la profundidad de 50 m, donde el nivel freático causo un escollo insuperable para los mineros.

La explotación mayormente era realizada por rajos y tiene una extensión de 240 m. En 1936 la Nueva Compañia Minera Incahuasi reinicia la explotación por debajo del nivel freático con un desarrollo de galería sobre vetas, en distintos niveles separados 30 metros entre sí hasta una profundidad aproximada de 200 m. La explotación fue abandonada en 1954 y desde entonces estos cinco niveles inferiores que totalizan unos 4110 m de galerías se hallan inundados (Gonzalez O. y Viruel de Ramirez M.,1992). 


En el lugar (dicen), es posible de encontrar piezas de cuarzo con láminas de oro visibles  a simple vista.
Busque con un frenetismo propio de mineros atormentados por la fiebre de oro, hasta que encontré lo que quería.
Estaba esperándome desde el fondo de los tiempos, de antes que cronos tuviera memoria.
Pude detectar su brillo aún sin anteojos (quizás allí estuvo el problema, apuntaló mi sagaz sobrino).
 La pirita es el mineral de tipo sulfuro más extendido y se encuentra como un accesorio en rocas igneas pero también en filones hidrotermales, en depósitos de metamorfismo por contacto y en sedimentos anaerobios; y quizá como un resultado de la diferenciación magmática; todo ello posible en el lugar del hallazgo.
Yo sigo insistiendo que es una pequeña lámina de oro incrustada en la piedra.
Ahora, directo al Salar

domingo, 1 de abril de 2012

Cementerio Incahuasi

El trecho fue tan corto que nos sorprendió, estábamos mirando el Salar del Hombre Muerto a la distancia cuando el cementerio apareció.




No faltaría una llama que se engullera rápidamente las flores, por eso son por papel o tejidos de colores.


Incluso rodean con alambres de púas las tumbas o las cruces, depende en dónde depositen su ofrenda. 
Pénsábamos en nuestros parámetros sobre qué es trabajar duro y en condiciones inapropiadas. Lo   sacrificado que es el ir a visitar a los deudos.  Comenzamos nuevamente a viajar con una panorámica espectacular:  a nuestros piés, el Salar del Hombre Muerto se mostraba inhóspito e imposible. Está ubicado en el borde centro oriental de la provincia geológica Puna y dentro de ella en la subprovincia geológica Puna Austral en el límite entre los departamentos de Antofagasta de la Sierra (Provincia de Catamarca) y Los Andes (Provincia de Salta). La altitud del piso salino es de aproximadamente 4.000 m sobre el nivel del mar. Constituye un típico depósito evaporítico emplazado en rocas prepaleozoicas, paleozoicas y cenozoicas (Rev. Asoc. Geol. Argent.  Bs As  abr./jun. 2006).
  Allí estábamos. ¡Por fín!

sábado, 24 de marzo de 2012

La Aguadita y Ángela

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Otra, sin sonido, en la Escuela 167, La Aguadita, Salar del Hombre Muerto, Catamarca, Argentina.

Rie una Ángela en La Aguadita

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El sonido es malo, pero vale la pena escuchar reir a Doña Ángela, en la escuela 167, La Aguadita, Catamarca.

viernes, 23 de marzo de 2012

La Aguadita




Pese a lo desértico, la Ruta 43 nos pareció amigable en cuanto teníamos siempre el río Punilla al Este. Íbamos marcando las posibles entradas para nuestro próximo objetivo: Mina La Casualidad. Pero poco a poco comenzamos a tomar conciencia de que era demasiado desierto, que ante cualquier desperfecto las cosas serían muy duras. Orlando no sorprendió con un aviso que rompió lo monocorde del viaje, iríamos a la Escuela La Aguadita, a visitar una amiga suya, que allí vive, solitariamente (luego comprendimos que no conocíamos el alcance de esa palabra).

Una huella se abrió al Este y allí entramos, bajando entre elevaciones interiores que presentan un relieve áspero, a causa de la intensa meteorización bajo un clima árido, frío y ventoso. De pronto apareció la escuela. Una construcción alargada divida al medio, una campana y un mástil. También había un pequeño corral y una ¿casita?, de donde salió una maravillosa mujer cuyo recuerdo, aún me cautiva. Vivía sola, desde cuando la escuela quedo vacía, ya que las autoridades la habían cerrado por tener sólo 6 alumnos. Ella había aparecido allí tras venir desde San Antonio de los Cobres, con el propósito de cuidar de sus nietos, concurrentes a esa escuela. El director le permitió quedarse para ayudarla y cuando la escuela cerro, ella quedó de guardiana de la nada, y sola.

Criaba animales para alimentarse y vender quesillos; decía tener mucho trabajo ya con ello, y nos enseñaba mientras conversábamos, y lo hacía luego de pedirme como de casualidad: ¿No tiene para coquear? Cuando le preguntamos sobre por qué no tenía un hombre al lado, nos miro pícaramente y lanzó una risotada contagiosa tras lo cual dijo: los hombres no sirven para nada. Cuando son viejos no trabajan, se enferman y hay que cuidarlos. Para eso vivo sola. Y volvió a reir hermosamente (ella confesó tener 50 años).
 La escuela 167, La Aguadita, es vecina de la minera de litio en el Salar del Hombre Muerto, sobre el cual tiene una gran vista. Ella sólo recibe visitas muy esporádicas, sus vecinos son los mineros, y están lejos. 
Donde yo creo que vivir allí es un infierno, Doña Ángela tiene su propio paraíso.

Compramos quesillos, nos despedimos, y pusimos norte a un cementerio minero.